Que vivir en Madrid es un privilegio es algo que todos sabemos, pero la verdad es que podemos exprimir aún más nuestra ciudad. El ir a conocer uno de sus innumerables barrios, con sus secretos, es como hacer un pequeño “viaje” dentro de la propia Madrid. El destino de nuestro “viaje” es la Villa de Vallecas, y comenzamos nuestro periplo por su maravilloso mercado (@mercadovillavallecas). Un mercado de 1962, pequeño pero muy coqueto, repleto de sorpresas, que ha cambiado mucho en los últimos años. En 2017 llegó Fernando Pérez a gestionarlo, y se encontró con varios puestos vacíos y una importante deuda. Ocho años más tarde, no hay un puesto libre y tampoco un euro de aquella deuda… Sin duda, un acierto haberle traído desde el exitoso mercado de Chamartín.
Empezamos nuestro periplo por Beki (@beki.aperitivos) templo del encurtido en Madrid y más allá. Abierto en 1965, ha sido Kike quien, en los últimos años, ha revolucionado el negocio familiar. Él, un amante de los aperitivos, le dio una vuelta al mundo del encurtido para inventar conceptos nuevos para la gastronomía, como son las bombas, los lagartos y los cohetes. En un pequeño local pero muy bien puesto, venden las “invenciones” en sus más diversas versiones; boquerón, anchoa, tomate seco, salmón, pulpo, piparra, mejillón… Mis respetos.
En frente se ubica la carnicería Pacomer (@carniceria_pacomer) que tiene una sorprendente ternera gallega suprema, alimentada solo con leche materna, pastos y vegetales. Tiene diferentes cortes para el gusto de cada uno, pero todos son excelentes.
Al fondo me encuentro con Óscar, en la quesería del pueblo (@laqueseriadelpueblo). El mencionado Óscar abandonó su trabajo en Bon fromage, para abrir esta delicada quesería, con una cuidadísima selección, a precios muy competitivos. También nos ofrece un conjunto de especialidades entre las que destacan las anchoas de Santoña, las conservas de Navarra, la mojama de Barbate, junto a otras delicias bien traídas… aquí hay muy buen gusto!
Giro y me topo con un pedazo de pescadería (@pescaderialiebanabaez) que regentan los hermanos Liébana. Su padre la fundó en 1962 y ahora son sus hijos los que cada mañana traen y cortan el mejor pescado de Madrid, para hacer las delicias del visitante. No les falta de nada y su trato al cliente es cercano y familiar. Un gusto…
Justo delante, tomamos el aperitivo en el Bar K, que pertenece a Beki. Entre la tienda y barra, detrás de una gran cristalera, se encuentra el obrador donde trabajan para ambos locales. Yo me voy a sentar en la barra para probar las famosas bombas, lagartos y cohetes de Vallecas. Una pasada!!
Vamos a comer, pero para no cargar y mantener la compra en frío, la dejamos en las taquillas gratuitas y refrigeradas del mercado. Un gran servicio que se agradece. Y hala, hasta que volvamos…
Ahora a comer por el barrio, que con tanto estímulo se nos ha abierto el apetito. Y a dos minutos caminando nos encontramos un clásico, La Merced (@la_merced_restaurante) que desde hace cuarenta años ofrece al barrio con una esmeradísima cocina de mercado, con el producto que llevamos toda la mañana viendo. Mercedes compra muy bien y todo en el mercado, pero lo mejor es que su cocina eleva ese producto todavía más. La Merced es, sin duda, garantía de un gran almuerzo.
Y para terminar con algo dulce, caminamos cuarenta metros y nos dirigimos a la Tahona, mítico local, donde hacen pastas, pasteles y bollos artesanos desde 1917, para alegría de todo un barrio orgulloso de su tradición y buen hacer culinario. Sexta generación bordando todo lo que hacen, y creo que el roscón de reyes es de locos… solo he probado el bizcocho de chocolate recién sacado del horno y casi me caigo al suelo. A disfrutar!!









