Mercado de Santa María de la Cabeza, pura historia de Arganzuela
Por Patricia Capel e Isabel Sánchez Burgos
El Mercado Municipal de Santa María de la Cabeza, cuyos orígenes se remontan al siglo XV, es pura historia del distrito de Arganzuela. Como mercado de abastos abrió sus puertas en 1940 y, aunque en 2006 fue sometido a una remodelación integral, aún conserva su icónica fachada y ese estilo racionalista que le da un aire único. Con tres accesos y más de setenta puestos, el mercado ofrece un equilibrio armonioso entre la venta de productos frescos – carnes, casquería, embutidos, quesos, pescados, verduras, frutas, etc. – y una cuidada oferta de restauración. Todo ello sin renunciar a la esencia del mercado de barrio de siempre.
Nada más cruzar la puerta principal – la que le da nombre –, nos topamos con uno de sus puestos más emblemáticos, Mantequerías Alonso, cuya andadura comienza con el mercado, en 1940. Lo que empezó como una modesta tienda fue creciendo hasta convertirse en todo un referente del barrio. Hoy Mariano, segunda generación al frente, mantiene viva la tradición familiar, cuidando de sus clientes con el mismo cariño de siempre. Aquí podemos encontrar una amplia selección de productos: desde legumbres castellanas, a conservas y dulces tradicionales… junto a una oferta de vinos nacionales e internacionales. Y si miramos las paredes, descubriremos auténticas reliquias, como el primer número de teléfono (¡con solo 5 cifras!) o las primeras facturas del puesto. ¡Un pedacito de la historia de Arganzuela!
Seguimos caminando y nos topamos con un pequeño tesoro: L´Afinneur de Fromage. Más de 80 quesos exclusivos y artesanales llegan hasta este puesto del mercado desde los rincones más recónditos de Francia, sin olvidar algunas exquisiteces españolas, inglesas y suizas. Su gerente, Tomás Asensio Levy, ha querido conservar la esencia de las pequeñas queserías tradicionales y, junto al asesoramiento de los mejores afinadores de Francia, han creado una red de importación exclusiva para que cada queso llegue impecable a la mesa. Aquí la selección se cuida al máximo: leche cruda de primera calidad, respeto por los animales y mucho mimo en cada pieza. Además, cuentan con una pequeña barra para degustar los quesos junto a una selección de vinos.
El mercado, sin duda, también defiende los productos de cercanía y sostenibles, y en EsDeRaiz todo gira en torno a una idea muy clara: ofrecer productos ecológicos y justos para todos. Cada semana, este puesto se llena con frutas y verduras de temporada, cultivadas en su finca de la Sierra de Gredos y recolectadas en su punto óptimo. Detrás del proyecto hay una familia enamorada del mundo rural y de la alimentación sostenible, que trabaja codo a codo con agricultores y ganaderos de proximidad, comprometidos con el entorno y el bienestar animal. En sus estantes podemos encontrar productos a granel, lácteos de ganadería extensiva, huevos ecológicos, aceites, panes, conservas y bebidas bio… todo pensado para una despensa sana y llena de sabor. Y para quienes prefieren la comodidad, también ofrecen servicio a domicilio.
Ahora bien, no todo es comprar e irse a cocinar. En el Mercado de Santa María de la Cabeza también hay propuestas listas para disfrutar al momento. Para los amantes de la cocina verde, Plantamientos es el gran referente. Al frente está Rubén Espinoll, chef y alma de este rincón tan especial, donde la cocina vegana y casera se disfruta en la barra o se lleva a casa en envases compostables. Ingeniero de telecomunicaciones de origen, Rubén un día decidió dar un giro radical a su vida y seguir su verdadera pasión: cocinar y hacer feliz a la gente. Tras formarse y pasar por algunas grandes cocinas de Madrid, abrió este puesto para demostrar que lo vegano no es sólo una etiqueta. Aquí todo es local, ecológico y de temporada. Hummus, paté de alubias, judías verdes con coco y anacardos… y muchas otras ricas propuestas.
Y para aquellos que prefieren la tradición castiza, la opción sin duda es Bar Menéndez. Una parada obligatoria para quienes buscan disfrutar de un cocido madrileño auténtico, castizo y bien servido. Aquí lo preparan desde hace más de 12 años, en puchero de barro y en 3 vuelcos… un ritual que se disfruta paso a paso, como manda la tradición. Comer en Bar Menéndez es como volver al bar de toda la vida: acogedor, cercano… Eduardo, su propietario, apuesta por una cocina de calidad y a muy buen precio, con un menú del día por menos de 15 € y platos tan madrileños como el rabo de toro estofado, los callos o el pollo asado.
Historia, sabor y vida de barrio… ¡todo en un solo mercado!
Un barrio cada vez más vibrante
Y desde aquí … ¡nos vamos de ruta por el barrio!
La primera parada nos lleva a Cervecissimus-Backstage, un espacio donde la cerveza artesana es la auténtica protagonista. En sus estanterías descansan hasta 500 referencias nacionales e internacionales, organizadas por estilos, y en sus diez grifos rotatorios siempre hay algo nuevo por descubrir. Desde hace poco, además, el aroma a lúpulo convive con el de sus pizzas de masa madre al estilo napolitano. Inaugurado en marzo de 2018, Cervecissimus-Backstage nació con la idea de difundir la cultura craft beer en Madrid, aunque su equipo lleva en este mundo desde 2014, dedicándose a la venta, la cata y la degustación de cerveza artesana. ¿Y el nombre? Un guiño inevitable: Jorge, su propietario, procede del ámbito audiovisual, y ese espíritu se nota incluso en la decoración del local.
La ruta nos conduce hasta Valdivieso, un restaurante que combina el ambiente animado de la barra con la calma elegante del comedor. Al frente, Carlos Valdivieso, quien comparte sus raíces granadinas y su pasión por la gastronomía y el mundo del vino – aquí se hacen catas todos los meses –. En la barra, una gilda puede ser el inicio perfecto… o quizá una sorpresa como su singular jamón de cordero. Quien prefiera sentarse a la mesa, encontrará propuestas que viajan entre el mar y la tierra: atún rojo salvaje de Almadraba, siempre presente dentro y fuera de carta (con sello de Petacachico), o su famoso arroz socarrat con magret de pato, relleno de setas de temporada, mahonesa de ras el hanout y demiglace de cordero del que Carlos se siente tan orgulloso.
Y de ahí, directos al disfrute en Uskar, una auténtica joya del barrio. Al frente están José Miguel y Rita, quienes han convertido este espacio en un reflejo de su manera de entender la cocina: alma, producto y apertura al mundo. La propuesta de José Miguel parte de la temporada y del respeto a los orígenes, pero siempre con un guiño creativo. Entre los imprescindibles: el cordero segureño asado al aroma de la Sagra, las verduras de temporada, las croquetas de txuleta o los irresistibles torreznos con mayonesa de kimchi. Sin olvidarnos de los fuera de carta de temporada, como las trompetas de la muerte con salsa de maíz y huevos fritos. La experiencia se completa con una bodega de más de cien referencias, seleccionadas con mimo por Raúl García. El nombre, por cierto, tiene historia: Uskar era como los musulmanes llamaban hace más de ochocientos años a la ciudad de Huéscar, de donde procede José Miguel.
Y como todo buen recorrido, este también merece un final dulce. La parada es en La Magdalena de Proust, donde Néstor Calvo y Laura Martínez, han dado forma a un proyecto familiar, sostenible y responsable, y que, como no podía ser menos en dos emprendedores que provienen del mundo del cine y la fotografía, cuidan al extremo cada detalle. En sus paredes reza un mensaje que lo dice todo: “esto no es una franquicia”. Pero en realidad, no haría falta aclararlo. El pan, elaborado en su obrador de Carabanchel, es totalmente artesanal; los dulces, hechos a diario en el obrador bajo su local de Batalla del Salado, reducen el azúcar al mínimo. Aquí todo tiene ese gusto que recuerda a la infancia, a lo sencillo y a lo bien hecho. Su emblema, cómo no, son las magdalenas de Proust: tiernas, aromáticas, irresistibles. Y cuidado, porque uno entra buscando pan… y acaba llevándose mucho más: ¿unos huevos ecológicos, un tarro de miel?






