Madrid también se bebe

 

Ignacio de Miguel Poch

Enólogo

Recientemente la Dirección General de Patrimonio Cultural y Oficina del Español de la Comunidad de Madrid con la colaboración del Consejo Regulador de Denominación de Origen Vinos de Madrid, ha organizado la exposición MADRID TAMBIEN SE BEBE en la Biblioteca regional de Madrid, comisariada por Mares del Barrio.

Como dice Bartolomé González Jiménez, Director General de Patrimonio Cultural en el catalogo de la exposición “en esta exposición se invita a hacer un recorrido por los orígenes del vino de Madrid, sus retos y fortalezas y la contribución científica de nuestras instituciones, así como un acercamiento a los trabajos que llevan aparejados y como éstos se diferencian en función de las variedades a producir.”

Afortunadamente hoy no nos suena raro hablar de Madrid y vino, pero hace muy poco, me atrevo a decir 20 años, en nuestra ciudad no había un vino de nuestra región en las cartas de los restaurantes. Cuando trabajé en bodegas El Regajal, le ofrecí a un amigo que tenía una distribuidora de vinos, que comercializara el nuevo vino en Madrid. Su respuesta fue muy clara: “¡¡¡quieres que distribuya en Madrid un vino de Madrid, pero tu estas tonto!!!”

La exposición comienza con un gran panel con tres líneas: el vino en la historia del mundo, en España y en Madrid.

Ya sabemos por evidencias arqueobotánicas (polen de uva, hollejos o almidón) y restos cerámicos con restos de ácidos, que el vino esta entre nosotros al menos desde hace 6.000 años. Los primeros indicios se encuentran en el Cáucaso, entre las actuales Armenia y Georgia.

Gracias a los comerciantes fenicios, la viticultura llega a nuestras costas y a partir del siglo IX a.C. se establece en nuestro litoral, desde Cádiz a Almuñécar y también en las Islas Baleares.

Madrid se funda a comienzos del siglo IX por los omeyas que construyen una frontera en el centro de la península como defensa de al-Andalus. Poco a poco Mayrit se fue poblando y convirtiendo en un importante centro agrícola. Es probable que los mozárabes fueran los responsables de la introducción y desarrollo de la vid en nuestra ciudad.

El monasterio cisterciense de Santa María de Valdeiglesias fundado en 1148, fue el origen del pueblo San Martín de Valdeiglesias, y la viña paso del entorno del monasterio a todo el valle.

El primer documento que certifica el cultivo de la vid en estas tierras es el Fuero de Madrid de 1202, lleno de referencias del vino y la vid. En el XIII, XIV y XV hay muchos documentos que no dejan lugar a dudas de la presencia del vino y la vid en Madrid, hablando ya de variedades, sistemas de explotación y formas de propiedad.

En la exposición se pueden ver muchos documentos y preciosas laminas, cedidas por el Jardín Botánico y la Escuela de la Vid de Madrid.

A partir del siglo XVIII Madrid se convierte en generadora de un movimiento científico primordial, concentrando los centros de investigación y enseñanza, convirtiéndose en el centro de la ciencia y la cultura, con especial interés en materia de viticultura y enología. En 1755 se crea el Jardín Botánico, en 1855 La Escuela Central y General de Agricultura en la finca La Flamenca en Aranjuez, germen de la primera escuela de Ingenieros Agrónomos, que se traslada a La Moncloa en 1869, en 1907 La Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, presidida por Ramón y Cajal, en 1914 La Estación Central de Madrid para el desarrollo de la ampelografía, en 1939 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas…

En 1956 se crea la Escuela de la Vid como Escuela de Capacitación Enológica. Al no existir ningún otro centro de formación enológica, aquí imparten sus clases los grandes de la enología y viticultura en España, como Ildefonso Mareca o Luis Hidalgo, maestros de todos los enólogos que tenemos cierta edad…

La exposición continua, ya en 1990, con la creación de la Denominación de Origen Vinos de Madrid, primero con tres subzonas (San Martín, Navalcarnero y Arganda) y ahora con cuatro al incluir El Molar. Describe sus suelos, climas y variedades, y enumera todas las bodegas adscritas, con una pequeña muestra de botellas de sus vinos.

Se completa con pequeños rincones de curiosidades, como una colección de sacacorchos, los nombres imposibles de las botellas de gran formato y antiguas fotos de trabajadores, pellejos y tinajas.

Como dice Mares del Barrio, Comisaria de la exposición, “el vino de Madrid siempre ha existido y hoy Madrid también se bebe”.

 

Ignacio de Miguel Poch

Enólogo