Un tinto campeón

«Un tinto campeón»

por Javier Oyarbide Apalategui

 

Después de varias entregas ya estamos más que en situación, Zalacain, anécdotas, episodios de reyes y personajes históricos del mundo, Custodio y nuestra bodega, siempre marcando mi línea editorial para esta colaboración con la Academia.

En nuestras casas hemos sido oficiantes y testigos de muchas celebraciones tanto personales como familiares, así como también deportivas. Ganadores de Giro, Olímpicos, Tour de Francia, Ligas y Champions, Roland Garros y demás acontecimientos de máximo nivel solo al alcance de la élite del deporte mundial.

Hoy vamos a reunir todo en un episodio que me hizo sentir muy orgulloso y contento ya que quizá di con el clavo en el corazón del protagonista. Aquí se reunió lo deportivo con la amistad, también lo familiar, muchísima emoción por un motivo excepcional y una disposición bestial, como siempre por ambas partes, para que aquella velada pasase a lo inolvidable.

Nos conocimos siendo niños en el colegio Retamar. Mi afán por el motor mezclado con el suyo por la gastronomía nos han hecho algo más que cómplices de aficiones y pasatiempos.

Solíamos reunirnos en Zalacain, para despachar con una buena cena sus aventuras y progresos de gigante en el mundo de los rallys.

Carlos Sainz tiene un paladar muy afinado, le gusta aprender, conocer nuevos horizontes, capta como pocos el más mínimo detalle y esencia que hay detrás de cada plato o de cada vino, también de cada tempo y todo eso facilitó mucho las cosas para teñir aquellos encuentros, sobremanera, de pasión por la buena mesa.

Custodio y Carlos hicieron muy buenas migas, se retaban cada vez a adivinar y sorprenderse mutuamente. Descorchábamos botellas curiosas, algunas de ellas míticas e irrepetibles, intrínseco a su ser Carlos no paraba de preguntar muy interesado sobre una cuestión u otra, de manera que por entonces era algo más que un entendido o sencillo “connaisseur”.  

Llegó el año 1990 y el madrileño se proclamó Campeón del Mundo de Rallys. Nuestra celebración particular, pensé, tenía que ser por todo lo alto y recuerdo darle mil vueltas a cómo preparar aquella cena con ansiado mimo y cariño. Después de mucho cavilar llegué a una solución que puse en manos de Custodio para que oficiase de maestro de ceremonias, no podía ser nadie mejor.

«- Don Carlos, hoy vamos a abrir el vino más importante que se haya abierto jamás en esta casa-«, así comenzó Custodio la cena.

Yo noté a Carlos encogerse dentro de su traje y cuando Todi le presentó la botella en cuestión su característica mirada penetrante se blandeó y abrillantó más de la cuenta, derramándose ligeramente fuera de sus órbitas.

Fue un vino tinto llamado “Campeón” que elaboró CVNE especialmente y etiqueté yo para celebrar la hazaña conseguida.

Después han tenido lugar muchos más logros míticos donde siempre la familia Sainz ha elegido la gastronomía madrileña para ensalzar sus celebraciones, porque también es parte de su esencia.

Mi amistad con Carlos Sainz y Telmo Rodríguez dio como fruto a Pegaso, su bodega familiar, una de las joyas más mimadas por Carlos y Reyes que cuidan con esmero y abundante dedicación personal 

El detalle es el verdadero lujo que podemos ofrecer a los demás, esa plusvalía que no tiene porqué ser opulenta por necesidad, el esplendor de lo sencillo y la grandiosidad de lo sutil se ofrecen y se perciben desde dentro, expresan algo más que correspondencia, mucha admiración, agradecimiento y respeto en este particular caso. Y muchísimo cariño y aprecio que comparto con toda la hostelería de Madrid también.

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Por |2021-01-16T12:50:14+01:00enero 16th, 2021|Opinión, Recuerdos|Sin comentarios
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