La Academia se define como una “asociación cultural sin ánimo de lucro” y, aunque nuestro ámbito de actuación es claramente la gastronomía, hemos pensado que sería bonito organizar una actividad un poco especial en la que, la cultura, se uniera a la gastronomía.

Por este motivo, hemos aprovechado la representación de la zarzuela “Château Margaux” en Madrid para juntar, por un día, la música con la gastronomía (¿qué mejor que aprovechar que se juntan un género musical tan de Madrid como la zarzuela con un título tan seductor para todos nosotros como Château Margaux?) y hemos pedido a tres grandes conocedores de la música y el  Château Margaux que nos escribieran unas líneas acerca de esta asociación tan sugerente que han resultado ser la Zarzuela y Burdeos y que nos ha servido para organizar un nuevo encuentro de la Academia.

En el link adjunto se puede descargar el documento completo y, en los posts “El cementerio de las botellas nunca olvidadas“, “Escuchar, beber y disfrutar” y “Comer y beber en la Zarzuela” se puede acceder a los contenidos individualizados.

Descargar programa del encuentro “Zarzuela y gastronomía”


Presentación del Director

EL PODER DE LAS ONDAS
Lluís Pasqual*

La Zarzuela forma parte de mis recuerdos de infancia tan lejanos y recientes como las voces de mis padres o los sonidos que salían del aparato de radio a todas horas. De hecho pertenecen al mismo cajón de la cómoda de la memoria. Cuando me llegó el encargo de Emilio Sagi para dirigir este programa doble en Teatro Arriaga el cajón se abrió sólo y empezó a desprender un perfume de aromas conocidos: Cuantas veces había escuchado el vals de Châteux Margaux en la voz de mi madre…! … en cuanto a La viejecita era la primera «obra dramática» que me había aprendido de memoria de cabo a rabo, cantables incluidos.

Ese perfume me devolvía un mundo tierno hecho de pequeñas esperanzas y sueños vividos «por poderes» a través de la radio con sus concursos, su propaganda, sus mentiras emocionantes, sus cuadros de actores y sus zarzuelas ambientadas en lujosos palacios y en lugares exóticos.

Dicen que todos conservamos o deberíamos conservar una parte del niño que fuimos. Debe ser así porque yo sigo escuchando zarzuela —y ahora que me doy cuenta también la radio— con los oídos de un niño. Completamente embaucado y dispuesto a serlo. En ese momento supe que sin duda más tarde había podido amar otras músicas porque Fernández Caballero, sin él saberlo y yo mucho menos, me había hecho amar la suya.

Por eso, con esas dos pequeñas joyas he querido transmitirles de la manera más delicada y cariñosa posible algo de ese perfume, para que lo compartan, igual que millones de personas compartimos esos momentos en que la música y la radio (esa música y esa radio) eran para casi todos nosotros una misma y única cosa. Y gracias a mis compañeros de aventura he podido comprobar una vez más que tiene razón doña Rosita la Soltera cuando dice que «no hay nada más vivo que un recuerdo». Y ahora, como diría nuestro presentador Ricardo Gracián, cierren ustedes los ojos y déjense llevar por el poder de las ondas…

 

*Artículo incluido en el programa-libro de ‘Château Margaux’ y ‘La viejecita’ del Teatro de la Zarzuela